«Es fascinante, la locura», se dice uno de los personajes de
Madame Vargas Llosa. Pero la locura como fanatismo, como la sinrazón de aquellos dispuestos a defender un dogma con su vida y la de los demás. Reflexiones como esta vertebran la nueva obra de Gustavo Faverón, laberíntico artefacto plagado de personajes grotescos a la par que divertidos, excéntricos y condenados. Desde los desolados páramos del
sertão brasileño hasta sus favelas y selvas amazónicas, ambas atestadas a su manera, pasando por manicomios, basurales, glamurosas fiestas de artistas y festivales de cine, Gustavo Faverón nos conduce por los calidoscópicos entresijos de su literatura.
Madame Vargas Llosa es una sátira telenovelesca de historias entrelazadas; una desbordante exploración de la realidad latinoamericana, donde las fronteras entre la locura y el arte se confunden. Plagada de frases largas y retorcidas, de aliento bolañesco, que encadenan lo insólito con lo triste, lo bello con lo patético, y no sin altas dosis de humor y de violencia,
Madame Vargas Llosa es la primera de un conjunto de novelas cortas que el autor peruano presentará bajo el título
Más opio para el pueblo. Asistimos al levantamiento de un nuevo monumento de la imaginación faveroniana, no menos vertiginoso y exuberante que sus obras maestras
Vivir abajo y
Minimosca, de uno de los más portentosos escritores de su generación.