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Daniel Saldaña París

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Daniel Saldaña París

Los nombres de mi padre

«Los nombres de mi padre es una muestra de madurez autorial. Su ambición es alta pues lidia con uno de los grandes temas: la naturaleza frágil, dúctil, siempre inacabada de la identidad, y triunfa porque en lugar de querer capturarlo todo, se limita a esparcir semillas de significado, esperando que algunas germinen en el lector.»

Per Jorge Flores
15.1.2026

Los nombres de mi padre
Saldaña París, Daniel Los nombres de mi padre 18,90 €
Camilo viaja a Nueva York, enviado por su madre moribunda, para buscar a un tal Miguel Carnero, quien quizá sea su padre biológico. El eco de Pedro Páramo es claro en la premisa de Los nombres de mi padre de Daniel Saldaña París, y la referencia debe ser intencional pues uno de los temas que se abordan en esta sofisticada novela - compleja en su hondura, precisa y serena en su ejecución – es el de los mitos fundacionales y sus reescrituras, tanto en la narrativa que conforma a los individuos, como a las familias, e incluso a las ciudades.
Miguel Carnero es una figura enigmática y fascinante: un genio nacido en la pobreza, huérfano a su vez de padre, hecho a sí mismo, teórico del urbanismo y luchador empecinado en alcanzar la cresta de una ola a punto de romperse: la de los sueños utópicos del siglo XX. Tratando de hallar a su potencial padre biológico, o cuando menos de delinear mejor sus contornos, Camilo emprende una pesquisa cuyos hallazgos impactan tanto el terreno de lo público, como los fundamentos de su vida privada. Por un lado, descubre la trama del intento de secuestro, ideado por Carnero, de Karl Fiebinger, un criminal nazi de alto calibre transformado en arquitecto estrella de la Ciudad de México (parte de esto es real, y en el libro se incluyen fotos y documentos probándolo), y con ello descubre las heridas de la historia encarnadas en el asfalto que habitamos. Por otra parte, redescubre a su familia, a sus padres, a su pasado, a sí mismo.
Los nombres de mi padre es una muestra de madurez autorial. Su ambición es alta pues lidia con uno de los grandes temas: la naturaleza frágil, dúctil, siempre inacabada de la identidad, y triunfa porque en lugar de querer capturarlo todo, se limita a esparcir semillas de significado, esperando que algunas germinen en el lector. Una vez más, Saldaña París demuestra que es un maestro en el difícil arte de capturar las formas en que el pasado es siempre presente.

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