Sobre el libro Matriz 2.0 de publicado por Pi2edicions en 2009:
El paciente lector tiene en sus manos un texto denso, contradictorio, deconstructivista y neobarroco, en el que, entre tópicos y descontextualizaciones, encontrará originales planteamientos nihilistas sobre la ubicación del individuo en la sociedad. Puede resultar más complejo comprender la profundidad del conjunto, que la metáfora utilizada para explicarlo, cuando tal vez el potencial comprador pretendiera aclarar el significado de la Trilogía de Matrix, que es, por su sincretismo, a la vez reclamo y herramienta de referencia. No compre el lector el libro si no lo va a intentar acabar, pues no lo entenderá.
El ser humano es por estar programado para ser parte de una cultura que le trascienda, escrita desde la intelectualidad, el arte, la política, la normalización, la categorización de la diversidad en el conocimiento del bien y del mal, en lenguajes de ritos y mitos, de morales y éticas, de costumbres y tradiciones, de tótems y brujería. Los compiladores de tal programación -medios de confirmación, gobiernos, redentores, curias, comisariados, sensibilizadores, y otros chulos que escatiman y exigen respeto-; en paquetes de código que llamamos causa, justicia, credo, patria, historia, y eufemismos varios, pretenden en su escasez racional secuestrar palabras de libertad, tamizar el librepensamiento, la crítica, la duda, la ética, la democracia, la ciencia, la convivencia; con el miedo, con el Vértigo, con la incertidumbre, con la diferencia, con la realidad interesada.
Ocasionalmente hay a quien se le condena al ostracismo en una isla, se despierta entre cables en un líquido que le ahoga, se abstrae por distracción de su rueda, o es rescatado de su cubo con la educación, y ríe, y entiende que programar o cargar prejuicios le hará más humano, pero no otro hombre. Despierta y no encuentra consuelo en la felicidad de ser parte de algo, en el homenaje, en la seguridad, en los fetiches, en el materialismo narcisista y hedonista. El hombre auténtico es un hombre satisfecho de lo interesante que es ser un individuo infeliz, capaz de dominar su miedo y su orgullo, de dar y no necesitar, de bailar para si mismo, de vestir para si mismo, de escribir para si mismo, regurgitando la ponzoñosa manzana que Dios se empeña en que juzgando, traguemos, y sus chamanes en que, juzgándonos, no la disfrutemos.